EL PATRIARCA

EL PATRIARCA
A Gerardo Gómez Díez
In memoriam

Mi hermano Gerardo, era el séptimo de los 12 hijos de la extirpe de don Ramón y doña Débora, nuestros padres.
Gerardo era el segundo de los hombres, después de una camada de 5 mujeres. Por alguna razón aún no descifrada, la mayoría de los hombres de este clan somos los menores, con la excepción de nuestro hermano mayor, Álvaro, a quien le sucedieron nuestras 5 hermanas, para luego nacer el séptimo hijo, y el segundo de los hombres. Gerardo daría inicio a una sucesiva serie de nacimientos de hombres, que tendría como paréntesis a la última de las mujeres, nuestra hermana Amparo, que nació después de mi (el octavo) , y luego seguirían los demás hermanos menores.
Tras la prematura muerte de nuestro hermano mayor, Álvaro a los 30 años, Gerardo pasó a ser el mayor de los hombres, pese a ser el séptimo de los hijos. Y quizás debido a su temprano matrimonio con Aleida, cuando apenas había terminado el bachillerato, fueron transformando a ese chico juguetón y de humor perverso, del cual yo era víctima directa de sus picardías infantiles y juveniles, en un hombre sobrio, disciplinado, estudioso y trabajador, que fue configurando una personalidad flexible, negociadora, conciliadora, y familiar. Su talante tranquilo y sereno, unía e integraba la diversidad de personalidades y emociones de una familia diversa y numerosa, hasta convertirlo en el patriarca de su familia, condición que desempeñó hasta su fallecimiento el pasado domingo 7 de noviembre de 2021.
Reconocido profesional, respetado y querido por sus clientes y amigos, y amigo de sus clientes. Su fino humor hacían de él un buen interlocutor social, y su aguda inteligencia, y su compromiso profesional, hicieron de él una persona que inspiraba mucha confianza y reconocimiento.
Tras la muerte de nuestro padre, había asumido el rol de padre de nuestros hermanos, que compartía con mi hermana Josefina, en su rol de madre de nuestra familia. Siempre estaba atento sobre cómo estaban los hermanos, los llamaba con frecuencia, y casi siempre era el primero en saludar en el chat de los hermanos minutos antes de las 6 am.
Vivía y trabajaba en función de sus hijos, a quienes crio con amor y ternura. Se esforzó en educarlos, y en la medida que se fueron profesionalizando, los fue incorporando como socios de su empresa de servicios profesionales, extendiendo el sentido de familia más allá del ámbito del hogar, al mundo en el que se desenvuelven. Ejercía como padre, como jefe, como socio, y como educador, a quienes los fue instruyendo con paciencia y con amor, en la profesión que había ejercido durante tantas décadas y que le generó un importante reconocimiento social y empresarial. Fue entrenando con esmero a sus hijos para que extendieran su legado más allá del tiempo.
Su vocación social y de servicio a la comunidad, lo llevó a ser un destacado líder cívico, buscando el bienestar de la comunidad de su pueblo natal. Se movilizó en la búsqueda de recursos para la construcción del nuevo hospital, fue comandante del cuerpo de bomberos, y promovió la educación, como fundador de un colegio.
Todo este liderazgo cívico y social lo impulsaron a cometer el peor error de su vida, el de ser alcalde de su pueblo, lo que lo llevó a enfrentarse con políticos corruptos que le declararon una guerra a muerte, quienes proyectaban sobre él su condición de ladrones irredentos, que lo acusaban administrativa y penalmente de los delitos que ellos sí realizaban durante décadas. Liberarse de tal herencia, consumió su paz y su tranquilidad durante los últimos 10 años, para ello contó con el apoyo y acompañamiento de su familia y amigos, y poco a poco se fue liberando de las cargas de político primíparo que lo enriqueció en experiencias y amarguras, y que casi lo arruina en todos los ámbitos de su vida.
Siempre me llamó la atención que nunca le oí hablar mal de sus enemigos políticos, nunca lo escuché maldecirlos ni insultarlos, como si en el fondo de su corazón, supiera que cuando juzgamos o condenamos a alguien, nos juzgamos y nos condenamos a nosotros mismos. Quizás había comprendido que la renuncia a los juicios es la llave de la paz y el perdón, la que nos abre las puertas del Amor, el único legado que en verdad importa dejarle a nuestra familia, a nuestros hijos y nietos. Y también es nuestro legado a este mundo, que parece empeñarse en demostrarnos su lógica de juicios, condenas, conflictos y ataques, al que sólo le podemos responder con las poderosas herramientas del perdón, las únicas que nos pueden enseñar la luz de nuestro amor, la que nos hace invulnerables a cualquier tormenta que pareciera perturbarnos. Ese mismo amor que expresaba a su familia, lo extendió a amigos, clientes y desconocidos, como afirmando con ello que es el único camino a la paz y la felicidad.
Durante gran parte de su vida gozó de una salud envidiable, pero en los últimos años, el estrés de las persecuciones políticas y judiciales, había hecho mella en su cuerpo, más tras cada crisis de salud, se levantaba desde sus propias cenizas, y como un ave fénix, iniciaba vuelos hacia nuevos horizontes lleno optimismo y alegría, hasta este domingo 7 de noviembre de 2021, en el que el Covid se llevó su cuerpo pero no su amor, pues su espíritu inmortal nunca muere, pues como diría San Agustín:
”La muerte no es nada. Yo sólo me he ido a la habitación de al lado. Yo soy yo, tú eres tú. Lo que éramos el uno para el otro, lo seguimos siendo.”
Y luego concluía con una afirmación y una pregunta:
”La vida es lo que es lo que siempre ha sido. El hilo no está cortado. ¿Por qué estaría yo fuera de tu mente, simplemente porque estoy fuera de tu vista?”
El amor pertenece a la eternidad que somos y no a un mundo que no somos, y que se niega a reconocer que el cuerpo es solo un vehículo, pero no es el conductor, por lo que la muerte no es más que una ilusión, que parece ocultar un Amor que eterno siempre será.
Tuve la fortuna de volver a convivir con él los últimos 4 años, y disfruté de su compañía y generosidad. Como si estuviéramos reviviendo nuestros primeros años de infancia y juventud, en la que compartíamos habitación en la casa de nuestros padres, quizás con la diferencia que ahora era yo el de los chistes perversos.
Como nos comentaban recientemente sus hijas Liliana y Natalia, él vivió la vida a su manera con alegría y buen humor, y con un espíritu acogedor y protector, a tal punto que se marchó sin dejar pendientes, con la consciencia de haber cumplido su misión en esta vida.
Cuando indagamos sobre el amor y la solidaridad que nos han caracterizado a lo largo de los años, siempre volvemos la mirada hacia nuestros ancestros, a nuestros queridos padres, que nos dejaron el amor como legado, el respeto como conducta y la alegría por el compartir como estilo de vida. Hoy los contemplamos con amor y gratitud, y sonriéndoles desde el corazón, les decimos que su legado se ha mantenido a lo largo del tiempo y mucho más allá. Estoy seguro que sus hijos lo contemplaran de igual manera, pues el verdadero amor no es hijo del tiempo sino de la eternidad.
Ningún escrito podrá describir y expresar un completo recuento de tantos años de hermandad y camaradería, pero éstas líneas son un tributo a un amor que se extendió en el tiempo y continuará más allá de todo tiempo.
Buen viaje hermano, seguirás volando en nuestros corazones, y sentiremos el suave viento que dejan las alas de un Colibrí cuando pases por nuestro lado.
Con mucho amor y gratitud tu hermano de siempre

Oscar Gómez Díez

A mi hermano Gerardo Gómez Díez.
Octubre 26 de 1955
Noviembre 7 de 2021
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