EL ARTE DE LA PAZ

EL ARTE DE LA PAZ

”Hay un silencio que el mundo no puede perturbar. Hay una paz ancestral que llevas en tu corazón y que no has perdido. Hay en ti una sensación de santidad que el pensamiento de pecado jamás ha mancillado.” (1)

La paz no es la derrota militar del adversario, y la imposición de un nuevo orden, basado en el sometimiento y la humillación del otro, esa es la «pax romana” , basada en la capitulación y la desolación.

La paz tampoco es un acuerdo de cese de hostilidades, una amenaza latente de nuevos conflictos si no se cumple lo pactado, un momento de la guerra, para iniciar nuevamente la confrontación. Eso no es paz, es una tregua.

La paz tampoco es el equilibrio del miedo, la contención disuasiva, basada en la destrucción mutua de una confrontación nuclear, eso no es paz, sino guerra fría.

La verdadera paz, es mucho más que ausencia de guerras o conflictos, es la certeza que no existen enemigos, pues se ha reconocido que no hay ningún contrincante a vencer.

Fuera de nuestras mentes no hay enemigos ni amenazas, sólo la proyección de nuestros miedos y culpas, imágenes que parecen existir fuera de nosotros, pero en realidad son nuestras falsas creencias.

El enemigo somos nosotros mismos, esa es la única batalla a librar, aprendamos a deshacer nuestros demonios internos, identificando los pensamientos que nos quitan la paz, mirándoles de frente y reconociendo que sólo son nuestras falsas creaciones, y con firmeza decidamos abandonarlas, entregándoselas a nuestro Espíritu tutelar. Eso es el perdón. Abandonar lo falso y reconocer lo verdadero: el amor, la paz y la dicha.

El arte de la paz no es más que el reconocimiento de que no existen enemigos, sólo mentes divididas en conflicto consigo mismas, ilusiones de seres que aún no se han encontrado con la unidad de su Ser.

Y cuando logramos sanar nuestra falsa percepción, descubriremos que la paz siempre había existido en nuestros corazones, la reconocemos en la quietud de nuestras mentes, en el silencio de un amor resplandeciente que habíamos olvidado y que emerge exaltado por la dicha de nuestro Ser.

Es el instante santo que reconocemos que todos somos parte del Todo, y todo no es más que un gozoso compartir, nada se excluye y a todos se incluye, un estado de plenitud en la que todos disfrutamos la dicha de Ser y de Existir.

Oscar Gómez Díez

(1) Un Curso de Milagros (L.164.4:1-3)

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